El domingo comenzó de buena manera, la rutina de todos los
domingos, alarma 5:30 AM, desayuno con mi madre y a las 6 de la mañana, ya
estoy en el gimnasio.
A mediodía, mi hermana y yo, fuimos a encontrarnos con mi
papa y su novia Amanda, para almorzar, estábamos un poco tarde para la reserva
en el restaurante favorito de mi papa, y todos mostrábamos un poco de mal humor
por eso.
En el camino nos ocurrió un incidente, la llanta se reventó.
Y para completar el mal humor no podíamos mover el auto, por suerte nos estábamos
cerca de un taller, y el señor que trabajaba ahí, que por cierto era el dueño y
estaba en su casa, ¡nos ayudó!
Al llegar al taller, saco la llanta, y comenzó a repararla.
Mientras la reparaba nadie de nosotros se miraba ni se dirigía
la palabra, como si todos tuviéramos la culpa del inconveniente con la llanta.
Yo de manera egoísta quería irme lo antes posible, me sentía
rara, porque nunca tengo discusiones ni peleas con mi papa, él es mi mejor
amigo.
¡Después de media hora casi por irnos, me topé con el cartel
de la foto, una cámara colgada en una parte del taller del señor que nos ayudó,
que decía “SONRIA A LA CAMARA” cualquiera pensaría que, si el lugar tiene
cámaras de seguridad, pero no es así, su cámara de seguridad es una cámara de
neumático!
Me cambio el día, me cambio la forma en la que estaba
pensando de todo lo sucedido, y me ayudo a comprender que no hay inconveniente
en la vida que no se pueda cambiar con mirarlo desde otra perspectiva.
¡Gracias Don Lucho Padilla, por devolverme el sentido de
este domingo, y además por enseñarme lo mejor del día!

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