miércoles, 18 de abril de 2018

Morbosidad + Silbidos

Vivo en esta ciudad desde que nací, siento que la vi crecer como ella me vio a mí y es impresionante la cantidad de personas que habitan y transitan día a día en Santa Cruz, la cantidad de niñas y mujeres es algo particular, es más nosotras las mujeres desde que crecemos y nos hacemos “mujercitas o señoritas” tenemos que lidiar con el maldito machismo de esta ciudad, que no podemos ir solas a la calle, no podemos ir de short al mercado, no podemos utilizar una blusa muy corta o simplemente somos o muy pequeñas o muy mayorcitas para tales cosas, esto me recuerda a cuando tenía 12 años y salía de la gimnasia siempre habían hombres afuera de cualquier situación económica viendo a las niñas o chicas mayores saliendo con las mallas y shorts deportivos y yo me preguntaba ¿Qué ganan con silbar o gritar a alguien que ni va a girar a verte? Porque esa necesidad de expresarse con bestialidad.

Simplemente me aborrece cuando sucede, es igual que cuando tenía 15 y aprendí a andar sola por las calles de Santa Cruz era increíble en cada esquina eran los silbidos de los malditos esos, recuerdo un día tuve que caminar varias cuadras de la avenida Alemana para poder llegar hasta la heladería de mi tía y desde que salí de mi casa con un pantalón jean y una blusa ajustadaz con el teléfono en la mano y sola sentí el primer grito de machismo a la primera esquina en la cual se encontraba uno de esos talleres de auto tipo de mala muerte como siempre y como cualquier mujer adaptaba no gire ni les hice caso, seguí mi rumbo caminando y fue como a la mitad de una de las calles fue frenando despacio un camión de la empresa de lácteos que quedaba por ahí cerca y en una de esas también me empezó a “piropear” con palabras asquerosas aumente el ritmo de mis pasos y seguí para adelante  casi llegando como a 2 cuadras antes de llegar pasa un tipo mal vestido con cara de no haber dormido hace 3 días y el típico bolo en la boca, pasa por mi lado me mira de pies a cabeza y ya no más se le sale lo macho “ mujercita bella cuanto es que cobras” este imbécil decía dentro de mí, ni modo continúe hasta que llegue a la heladería que casualmente el guardia del supermercado de al lado empezó a silbarme rápidamente entre al lugar y por fin me sentí a salvo de todo hombre sin cerebro.

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