jueves, 3 de mayo de 2018

Como coger la nada

Bruna Barrancos


“Seda” es una historia ambientada en el siglo XIX, a la cual se le puede dar distintos enfoques, ya sea de amor, aventura o hasta soledad. Sin embargo, como dice el autor en su prólogo; “si solamente fuera una historia de amor, no habría valido la pena contarla”, lo que insinúa que no habla de un de un tema en sí, sino del resultado de la mezcla de varios.
El libro relata la historia de Hervé Joncour, un joven francés que estaba empezando su carrera como militar cuando es encontrado por Baldabiou, quien lo convence de dejarla y convertirse en comprador y vendedor de gusanos de seda. Hervé solía viajar cerca de Lavilledieu para comprar los huevos, pero tras que una epidemia afectó el nacimiento de estos, no le quedó otra que ir a tierras lejanas; Japón, para ser exactos, que se considera como llegar al fin del mundo. Ahí se fabricaba la más fina seda y sostenerla era “como coger la nada”, allí tuvo que negociar con Hara Kei y apoyado en él estaba una joven de rasgos no orientales que despertó cierta curiosidad en Hervé y con la cual vivió una aventura en sus siguientes viajes de vuelta a Japón. La esposa de Hervé; Hélène, lo descubre.

Esta trama se divide en un total de 65 capítulos cortos de no más de dos planas, la historia empieza de manera sobria y a medida que van pasando los capítulos, cada uno le agrega algo nuevo e interesante a las idas y venidas de Hervé de Japón, guardando la tensión para lo último y dejando lector enamorado de lo que leyó.

“Seda” está escrita en prosa y en tercera persona, muestra un lenguaje claro, pero a la vez utiliza muchas metáforas que enriquecen la lectura y hacen que el lector se concentre más, como:
“Era un hilo de oro que corría recto en la trama de una alfombra tejida por un loco”.
Más de estas te hacen apasionarte por el libro y con ellas describe a la perfección los distintos escenarios que se presentan y la conexión de la temporalidad.

Debo de decir que “Seda” se convirtió en uno de mis libros favoritos, en el que puedo destacar su sencillez con la que llega a apoderarse de la persona que lo lee. La manera en que une el amor, lo erótico, la historia y otros temas de manera tan única que te hace entrar en la historia y vivirla con los personajes a medida que transcurre, una muestra de este trabajo podría ser:
“En la habitación sin luces sintió la belleza de su cuerpo, y conoció sus manos y su boca. La amó durante varias horas, con movimientos que nunca había hecho, dejándose enseñar una lentitud que desconocía”.

Aunque la portada del libro con un par de letras japonesas no es  llamativa para el ojo del público, un contenido espléndido está esperando por ser leído. Aquí se aplica la frase de “no juzgues un libro por su portada”.
 Considero que este es un libro que toda persona debería tener su casa, que probablemente el que lo lea le encantará el arte que plasma autor en cada párrafo escrito, que se pondrá emotivo con el final que le dio y que simplemente quedará atrapado por la sutileza y elegancia de como se es narrada la historia.


No hay comentarios:

Publicar un comentario