miércoles, 6 de junio de 2018

Añorando la Feria Internacional del Libro


Usualmente los domingos los paso junto a mi familia, pero el domingo pasado fue una excepción. Decidí visitar la FIL, a la cual no iba hace muchos años, pero recordaba que ir a esa feria había sido una de las partes más lindas de mi niñez. Bajé del auto a las 7:45 pm y mi padre se detuvo a una cuadra de la feria debido al tráfico que había en la entrada. Cuando llegué a la boletería me sorprendió mucho que, a pesar de todos los autos circulando no había muchas personas, ni siquiera hice fila al pagar mi entrada o ingresar. Ya dentro de la feria esperé parada a que lleguen los amigos con los que había quedado mientras observaba con asombro la pequeña cantidad de gente que había a mi alrededor. Una vez llegaron, los tres empezamos a recorrer los stands sorprendidos de la poca variedad de libros que había, pero aún con esperanza de encontrar algo bueno. Luego de haber recorrido dos pabellones completos sin haber visto ningún stand o libro que llamara mi atención divisé el pabellón juvenil y caminé con mucha rapidez y emoción hacía él mientras mis amigos intentaban seguirme el paso. Mi sorpresa fue grande cuando entré y vi únicamente stands de universidades.

Estaba realmente decepcionada con mi visita. A las 9:00 p.m. mis amigos y yo ya habíamos terminado de recorrer toda la feria y decidimos comer algo antes de irnos. Nos acercamos a los carros de comida y casi inmediatamente los que atendían estaban a lado de nosotros ofreciéndonos su menú, me sorprendió mucho que la atención que nos brindaron era superior a la que nos brindaron quienes se supone tenían que ofrecernos los libros y aclarar nuestras dudas en los stands. A pesar de que compartir la comida fue para mí la mejor parte de mi noche, al día siguiente me sentí muy mal, tenía nauseas, dolor estomacal, dolor de cabeza, etc. Me di cuenta de que había sido la comida que ingerí en la feria y llegué a la conclusión de que eran tan conscientes del tipo de restaurantes que habían dejado entrar como lo eran de la variedad, cantidad y calidad de los libros que ofrecían.

No hay comentarios:

Publicar un comentario