Tomé fuerzas, un buen abrigo y expectativa, tomé un taxi y fui directo al lugar donde se desarrolló la feria.
Llegué y me esperaron algunas sorpresas no muy gratas.
Al llegar la congestión en la entrada era muchísima, ojalá fuera una multitud de personas expectantes por ingresar a la FIL en busca de un buen libro, de una experiencia, de algo que cumpla con los propósitos de este evento, pero no, eran muchas personas que estaban estableciendo sus puestos ambulantes para vender comida precisamente, carros de fridosita, puestos de anticuchos, vendedores de pipocas, papas y chipilos, algo con lo que no me disgusta pero posicionarse justo afuera de las entradas, congestionando la entrada y las boleterías me parece que le otorga un aspecto de mercado a la feria, mientras aguardaba en la fila de tres personas para comprar un boleto me puse a pensar en que sería bueno distribuir de manera estética a los ambulantes.
Me acerqué a una boletería cuando fue mi turno y me atendió una señorita, tenía aparentemente 25 0 30 años, cabello rubio y mal humor, la entendí de cierta forma porque me imaginé lo cansador y aburrido que seguramente es trabajar sentada vendiendo boletos. Al apersonarme a la ventanilla le pedí una entrada, le dije que era estudiante y al igual que a muchas otras personas me preguntó donde estaba mi maestro, me pareció tan fuera de lugar su pregunta, así que saqué 20 bs de mi billetera y pague una entrada normal.
Una vez estuve dentro de la feria me di cuenta que esta vez habían menos asistentes que las anteriores veces que asistí, esperaba que sea así por las condiciones climáticas.
Cuando fui a informaciones la persona encargada de brindar información no estaba en su puesto en ese momento,realmente quería saber si podía darme el programa de ese día ya que estaba con la señal del teléfono baja y eso no me permitía ingresar a la página.
Me gustó cuando ingresé y vi que a las 5 de la tarde ya habían algunos autores sentados en sus stands, sin embargo ya habían periodistas que estaban en la mayoría de los espacios entrevistándolos.
Cuando fui a observar a detalle algunos stands no me gustó mucho ver que muchos de ellos estaban a medio armar, que en el pabellón para niños habían telas en en suelo, algunos espacios o stands sin decorar, incluso junto al escenario había escenografía creada con papel higiénico que se veía muy bien por delante, pero al aproximarme vi que por detrás y por los costados no estaban terminados.
En más de un stand habían errores ortográficos, algo que me pareció de muy mal gusto siendo un evento de relevancia y basado en la literatura, habían errores que pasaban desapercibidos, aunque no para mi, errores como por ejemplo "biblia en accion" y "libros y musica".
Otros errores eran más notorios, cosas como "El Bául del libro" como título en un stand.
El primer día no me dejó del todo motivada, sinembargo me apersoné a la cafetería del banco, compré un café sobrevalorado y continué mi recorrido.
Pese a detalles como estos, puedo rescatar del primer día la opción de visitar los stands y ver los libros tranquilamente, sin mucha gente aglomerada, sin mal humor por parte de los vendedores.
Realmente quería saber de las conferencias, charlas o presentaciones que se llevarían a cabo, desde las 5 hasta las 7 de la noche no pude encontrar a la persona encargada de brindar información, no pude acceder a mi teléfono lo que me impidió saber con exactitud la agenda, sin embargo tenía planeado asistir en otras ocasiones.
A las 8 de la noche me fui de la feria y regresé a casa para escribir la crónica de mi día en la inauguración de la FIL 2018.

Una vez estuve dentro de la feria me di cuenta que esta vez habían menos asistentes que las anteriores veces que asistí, esperaba que sea así por las condiciones climáticas.
Cuando fui a informaciones la persona encargada de brindar información no estaba en su puesto en ese momento,realmente quería saber si podía darme el programa de ese día ya que estaba con la señal del teléfono baja y eso no me permitía ingresar a la página.
Me gustó cuando ingresé y vi que a las 5 de la tarde ya habían algunos autores sentados en sus stands, sin embargo ya habían periodistas que estaban en la mayoría de los espacios entrevistándolos.
Cuando fui a observar a detalle algunos stands no me gustó mucho ver que muchos de ellos estaban a medio armar, que en el pabellón para niños habían telas en en suelo, algunos espacios o stands sin decorar, incluso junto al escenario había escenografía creada con papel higiénico que se veía muy bien por delante, pero al aproximarme vi que por detrás y por los costados no estaban terminados.
En más de un stand habían errores ortográficos, algo que me pareció de muy mal gusto siendo un evento de relevancia y basado en la literatura, habían errores que pasaban desapercibidos, aunque no para mi, errores como por ejemplo "biblia en accion" y "libros y musica".
Otros errores eran más notorios, cosas como "El Bául del libro" como título en un stand.
El primer día no me dejó del todo motivada, sinembargo me apersoné a la cafetería del banco, compré un café sobrevalorado y continué mi recorrido.
Pese a detalles como estos, puedo rescatar del primer día la opción de visitar los stands y ver los libros tranquilamente, sin mucha gente aglomerada, sin mal humor por parte de los vendedores.
Realmente quería saber de las conferencias, charlas o presentaciones que se llevarían a cabo, desde las 5 hasta las 7 de la noche no pude encontrar a la persona encargada de brindar información, no pude acceder a mi teléfono lo que me impidió saber con exactitud la agenda, sin embargo tenía planeado asistir en otras ocasiones.
A las 8 de la noche me fui de la feria y regresé a casa para escribir la crónica de mi día en la inauguración de la FIL 2018.


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