PARTE 2
Finaliza la mesa 1 y los autores internacionales y locales aprovechan un
descanso para dialogar y compartir miradas de inequívoca complicidad.
En esa transición, aproveché de estirar un poco las piernas, luego de haber
estado sentada, pero enganchada en las sugerentes intervenciones de estos
autores. En ese momento, un destello en el suelo llamó mi atención; era un
pedacito de papel, lo levanté, y observé. Efectivamente era un afiche del
Encuentro, con el cronograma donde especificaba los temas de los que se
hablarían en cada una de las mesas, y los autores que participarían.
Qué irónico, hace un par de horas atras ese afiche hubiera sido de mucha
utilidad, sin embargo aproveché las circunstancias y lo guardé como parte
de un recuerdo de mi visita a la FIL este año. Quien haya sido el que pasó
desapercibido olvidando ese papel o simplemente tirándolo, pareciera que
era algo insignificante, pero ese tipo de folletos son los que nos permiten, de
alguna manera a conocer más a nuestros autores y ver qué grandes cosas están
logrando. Culturizarnos en el ámbito de la literatura local.
Marcan las 18:30, y llega la presidenta de la Cámara Departamental del
Libro, Sarah Mansilla, a entregar reconocimientos a cada uno de los autores
nacionales que iban a dar pie a la mesa 2.
Claudia Peña
Fabiola Morales
Camila Urioste
Irma Velasco
Como de los autores internacionales invitados.
Recibieron estatuillas del, en palabras de Sarah Mansilla “ícono
cultural” el mojón con cara, como recuerdo de su participación en el
II Encuentro de Narrativa Internacional.
Luego de la formalidad del acto de reconocimiento y unas palabras poco
conmovedoras de la presidenta, Sarah Mansilla, Liliana Colanzi, anunció que el
moderador de la mesa Saúl Montaño no asistiría al encuentro.
* El público miraba confundido a su alrededor, con la incógnita de el qué
pasará entonces *
Inmediatamente, el imprevisto se transformó en una oportunidad para María
José Navia, chilena que estudió Literatura en EEUU y que, con ansias
deseaba dar pie al conversatorio con las autoras, fue la moderadora de la
mesa 2 esa noche
Los temas que se abarcaron en el conversatorio despertaron revelaciones
íntimas de las autoras. Comentaron desde las figuras literarias que las
inspiraron a escribir, hasta el cómo se imaginaban un futuro distópico
planteado por María José, donde se acabaran los libros.
Un impresionante conversatorio que me dejó con sensaciones inexplicables, alegría,
orgullo de saber que nuestras autoras tienen tanto que enseñarnos de sus
experiencias fuera del país, y su práctica de escritura.
La autora que se “robó” el micrófono fue Claudia Peña. Lo que más resalto,
es el sentido de apropiación que tuvo con cada temática de la que se habló, no
dudaba en ser la primera en responder las preguntas de Navia.
Dijo algo muy bonito y memorable para mí “uno a veces lee y escribe para
desaparecer” indicaba, que el momento de la acción de escribir hace que uno
desaparezca como individuo, para explicar una herida que se tiene y que uno
mismo entienda el por qué.
Todos tenemos heridas, y muy pocos se atreven a enfrentarse a ellas. El
poder escribirlas es una forma, y yo admiraba cómo Claudia contaba sin titubeos
de esos puntos débiles suyos. Yo, como espectadora, lo sentí muy cercano, algo
que yo vivo pero no expreso.
Luego intervenía Irma, con la sencillez de sus palabras lograba expresar
concretamente en simples líneas, pensamientos e ideas impresionantes. Ella
opinaba, que escribir es plasmar la violencia imperceptible de lo cotidiano, un
saludo no respondido, el delicado tejido que hacen a las relaciones humanas;
gestos imperceptibles.
Y la flamante escritora de novela, pero experimentada guionista de teatro, Camila,
marcó con su sentimiento de no pertenencia, su sentir y expresar profundo de
estar de paso en los sitios a los que va (porque viaja de Bolivia a Estados
Unidos, y viceversa, desde bien chiquita); dice que le ha permitido escribir
más alerta, de observar y escuchar, elementos que considera importantes en el
proceso creativo.
Nuestro broche de risas, Fabiola, con un toque de diversión, confesó que en
su día a día no puede faltar un buen libro, en el bus, en las horas de espera y
hasta en el gimnasio cuando se ejercita en la bicicleta. Ella lee, tanto como
escribe, para huir. Y ha desviado su atención a oír historias de desconocidos,
para apropiárselas y contarlas en sus textos.
Esto que era un conversatorio, se convirtió en una plática muy íntima e
incluso con la que me pude identificar en aspectos de vivencias de las autoras.
Su participación fue estelar. Cuatro autoras bolivianas que lograron
internarnos en el mundo de la literatura, y la importancia de reflexionar sobre
posibles escenarios de la vida, gracias a su más sincero relato de la realidad,
su realidad, de ser autores bolivianos.
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