martes, 12 de junio de 2018

Crónica de una espectadora en el Encuentro de Narrativa

PARTE 2



Finaliza la mesa 1 y los autores internacionales y locales aprovechan un descanso para dialogar y compartir miradas de inequívoca complicidad.

En esa transición, aproveché de estirar un poco las piernas, luego de haber estado sentada, pero enganchada en las sugerentes intervenciones de estos autores. En ese momento, un destello en el suelo llamó mi atención; era un pedacito de papel, lo levanté, y observé. Efectivamente era un afiche del Encuentro, con el cronograma donde especificaba los temas de los que se hablarían en cada una de las mesas, y los autores que participarían.

Qué irónico, hace un par de horas atras ese afiche hubiera sido de mucha utilidad, sin embargo aproveché las circunstancias y lo  guardé como parte de un recuerdo de mi visita a la FIL este año. Quien haya sido el que pasó desapercibido olvidando ese papel o simplemente tirándolo, pareciera  que era algo insignificante, pero ese tipo de folletos son los que nos permiten, de alguna manera a conocer más a nuestros autores y ver qué grandes cosas están logrando. Culturizarnos en el ámbito de la literatura local.

Marcan las 18:30, y llega la presidenta de la Cámara Departamental del Libro, Sarah Mansilla, a entregar reconocimientos a cada uno de los autores nacionales que iban a dar pie a la mesa 2.

Claudia Peña
Fabiola Morales
Camila Urioste
Irma Velasco

Como de los autores internacionales invitados.

Recibieron estatuillas del, en palabras de Sarah Mansilla “ícono cultural” el  mojón con cara, como recuerdo de su participación en el II Encuentro de Narrativa Internacional.

Luego de la formalidad del acto de reconocimiento y unas palabras poco conmovedoras de la presidenta, Sarah Mansilla, Liliana Colanzi, anunció que el moderador de la mesa Saúl Montaño no asistiría al encuentro.

* El público miraba confundido a su alrededor, con la incógnita de el qué pasará entonces *

Inmediatamente, el imprevisto se transformó en una oportunidad para María José Navia, chilena que estudió Literatura en EEUU y que, con ansias deseaba  dar pie al conversatorio con las autoras, fue la moderadora de la mesa 2 esa noche

Los temas que se abarcaron en el conversatorio despertaron revelaciones íntimas de las autoras. Comentaron desde las figuras literarias que las inspiraron a escribir, hasta el cómo se imaginaban un futuro distópico planteado por María José, donde se acabaran los libros.

Un impresionante conversatorio que me dejó con sensaciones inexplicables, alegría, orgullo de saber que nuestras autoras tienen tanto que enseñarnos de sus experiencias fuera del país, y su práctica de escritura.

La autora que se “robó” el micrófono fue Claudia Peña. Lo que más resalto, es el sentido de apropiación que tuvo con cada temática de la que se habló, no dudaba en ser la primera en responder las preguntas de Navia.

Dijo algo muy bonito y memorable para mí “uno a veces lee y escribe para desaparecer” indicaba, que el momento de la acción de escribir hace que uno desaparezca como individuo, para explicar una herida que se tiene y que uno mismo entienda el por qué.

Todos tenemos heridas, y muy pocos se atreven a enfrentarse a ellas. El poder escribirlas es una forma, y yo admiraba cómo Claudia contaba sin titubeos de esos puntos débiles suyos. Yo, como espectadora, lo sentí muy cercano, algo que yo vivo pero no expreso.

Luego intervenía Irma, con la sencillez de sus palabras lograba expresar concretamente en simples líneas, pensamientos e ideas impresionantes. Ella opinaba, que escribir es plasmar la violencia imperceptible de lo cotidiano, un saludo no respondido, el delicado tejido que hacen a las relaciones humanas; gestos imperceptibles.

Y la flamante escritora de novela, pero experimentada guionista de teatro, Camila, marcó con su sentimiento de no pertenencia, su sentir y expresar profundo de estar de paso en los sitios a los que va (porque viaja de Bolivia a Estados Unidos, y viceversa, desde bien chiquita); dice que le ha permitido escribir más alerta, de observar y escuchar, elementos que considera importantes en el proceso creativo.

Nuestro broche de risas, Fabiola, con un toque de diversión, confesó que en su día a día no puede faltar un buen libro, en el bus, en las horas de espera y hasta en el gimnasio cuando se ejercita en la bicicleta. Ella lee, tanto como escribe, para huir. Y ha desviado su atención a oír historias de desconocidos, para apropiárselas y contarlas en sus textos.

Esto que era un conversatorio, se convirtió en una plática muy íntima e incluso con la que me pude identificar en aspectos de vivencias de las autoras.
Su participación fue estelar. Cuatro autoras bolivianas que lograron internarnos en el mundo de la literatura, y la importancia de reflexionar sobre posibles escenarios de la vida, gracias a su más sincero relato de la realidad, su realidad, de ser autores  bolivianos.



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