PARTE I
Sábado 2 de junio, pronosticado como el día más frío de la semana. Muchos tal vez
decidieron quedarse en casa, yo, vi la oportunidad perfecta para abrigarme descubriendo
y curioseando en la feria del libro.
Estaba
al tanto de que a las 17 horas de ese día, se iba a continuar con el programa
del II Encuentro Internacional de Narrativa.
Ansiosa por llegar a este evento, en el camino, aproveché para analizar y hacer
una proyección mental de lo que esperaba que apareciera en la feria del libro, este año.
Llegué
a una hora bastante tranquila, de poco tráfico (17:15). Sin perder mucho
tiempo, porque el encuentro ya había comenzado, me dirigí a boletería para
adquirir mi entrada.
Tengo mi carnet de la
universidad
Pensé
Conseguí
sacarlo de mi bolsillo y para entonces ya había llegado mi turno en la fila de compra
de entradas.
Un estudiante, por favor
-
¿Dónde está su profesor`?
Me pregunta el de boletería, mirando indiscretamente,
buscando a algún un profesor referente, para dejarme pasar sin pagar.
Vengo sola,
pero aquí está mi carnet de universitaria
-
Lo siento, pero tiene que venir con su profesor.
Cómo voy a traer a mi
docente, en horas del fin de semana, siendo que probablemente tenga que dar
alguna clase o esté en otras actividades
Le dije
-
Tiene que venir con su profesor
Me vuelve a reiterar.
Y por último, ante la terquedad del “boletero” tuve
que ceder y pagar los 20bs de entrada, como mayor.
Considero, luego de esta experiencia, que a los universitarios se les debería habilitar un costo de entrada de 5bs, para aumentar el número de asistentes, porque no todo el capital va a la entrada, de hecho lo que más busca el asistente a la feria, es encontrar un libro, o unos libros que sean accesibles a su bolsillo.
Considero, luego de esta experiencia, que a los universitarios se les debería habilitar un costo de entrada de 5bs, para aumentar el número de asistentes, porque no todo el capital va a la entrada, de hecho lo que más busca el asistente a la feria, es encontrar un libro, o unos libros que sean accesibles a su bolsillo.
Lo primero que hago al entrar en el pabellón principal,
es ir a informaciones para poder averiguar en qué salón sería el evento.
Desconcertada, yo, la de informaciones y Ximera
Lora, a quien me encontré en el camino de la incertidumbre (invitada por su
amiga al encuentro; la escritora Irma Velasco), ya que no sabíamos dónde sería el encuentro, porque no estaba especificado en el programa cultural, que la página de la FIL había “colgado” a Facebook, el
28 de mayo.
Ese mismo programa, lo tenía la responsable en
informaciones, también encargada de los anuncios por micrófono.
Pasados 5 minutos de desconcierto, finalmente, la
anunciante recordó (gracias al afiche virtual que le mostré, con los autores,
entre los cuales estaba Magela Baudoin; coordinadora del evento) que:
-Si, ahora recuerdo que una señora de pelo corto,
vino hace 30 minutos a decirme que vuelva a hacer el anuncio del Encuentro, en el
salón Raúl Otero Reiche-
Sobre
el tiempo, llegué al salón y pude apreciar que ya se había dado inicio a la mesa 1, con autores internacionales; Katya
Adaui- Perú; Alejandro Morellón- España; María Negroni-Argentina y José Pérez
Reyes-Paraguay.
Las intervenciones, de primera, y bastante formativas
en el ámbito de la escritura y lectura, cada uno comentó sus experiencias, como
escritor y dio referencias a sus lecturas en sus inicios, y desde la infancia.
Todas estas preguntas moderadas por el periodista, Adhemar Manjon.
De lo hablado en la mesa, yo me quedo con la afirmación de Maria Negroni
“Los monstruos los tenemos nosotros, dentro”
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