miércoles, 20 de junio de 2018

Las algunas de mi vida parte 3a

Llegó mi penúltimo grado del colegio junto a un profesor nuevo quién cambió mi forma de vivír.
Adivinen de que materia...
Sí, de matemáticas.
La primer clase con voz grave y áspera  como quién lleva inhalando humo de tabaco desde hace mucho tiempo, nos habló un poco de su vida y de sus estudios fuera del país, mientras lo hacia yo me reía despacio (para que no se diera cuenta) y no podía tomar mucha atención en lo que decía porque me distraía con el movimiento constante de su cabeza hacia atrás, como si asintiera con ella de una forma muy expresiva casi todo el tiempo en el que hablaba.
Esa misma clase nos explicó que el movimiento de su cabeza era un tic nervioso adquirido en su adolescencia y que mientras más relajado esté menos la movería.
Poco después me acostumbré a esto pero hubo algo a lo que nunca pude acostumbrarme.
Esa misma clase (la primera) un minuto antes de que cambiemos de materia nos dijo: "Para mañana traigan su cuaderno de 200 hojas enumerados y disfruten su día que está es la única clase de la que se van sin tarea" y así fué.
¿Quién miércoles se pone a enumerar un cuaderno de 200 hojas? Es más no sólo enumeramos uno porque a mitad de año enumeramos 200 más del nuevo cuaderno.
En la siguiente materia la profesora se presentó y seguidamente lo hicimos nosotros, ya nos conocíamos todos a excepción de una muchacha pequeña, de un metro con cincuenta más o menos que tenía un callebello oscuro y muy largo (por encima de sus nalgas) este cubría gran parte de su corto cuerpo.
Cómo era la unica persona nueva sugirieron preguntas, una de ellas fue ¿dónde naciste? Y poco después nos enteraremos que vino de Nicaragua a consecuencia de la relación de su mamá con el profesor de matemáticas.
Al día siguiente el profesor nos dijo que teníamos un nivel muy bajo en su materia  y que él lograría subirlo.
Nos explicó el tema y cómo era su forma de evaluarnos, nose si nos motivó o asustó pero debíamos lograr hacer lo  exigía para que no pasará lo que tanto nos mencionaba que no tenía miedo de hacer: aplazarnos.
Al terminar la clase recibí mi primer epígrafe, una fotocopia llena de ejercicios, en las dos caras de la hoja,  para resolver y presentarlos al día siguiente con la advertencia de que todas las operaciones matemáticas debían estar escritras y con la prohibición del uso de la calculadora.
Llegué a casa a almorzar a las 2 pm como todos los días, me bañé y me senté en el escritorio hasta terminar todos los ejercicios, no eran difíciles pero como eran tantos tardé y sentí mi primer malestar de cuello en el año.
Al siguiente día mirando un libro fotocopiado el profesor llenó la pizarra mientras nos explicaba rápidamente el tema, luego paso pupitre por pupitre hojeando nuestros cuadernos y revisado los ejercicios resueltos de la tarea, escribiendo una calificación en la última hoja y seguidamente nos entregó el segundo epígrafe para el día siguiente.
Así fue la primer semana, la segunda fue muy parecida a excepción de que ya no se me hacía fácil resolver la tarea sola en casa. Converse con mi compañera quién lo fué desde kinder y le pregunté si ella estaba pudiendo hacerla sola, me contó que estábamos teniendo las mismas dificultades y que ella había charlado con la muchacha de cabello largo quién le dijo que en su casa el profesor ayudaba a los alumnos que no podían hacer las tareas solos y que les cobraba 50bs la hora, le dijo que podiamos ir y que ella nos ayudaría a resolverla sin cobrarnos.
Así fué como nos animamos a visitar la casa del profesor.

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