La noche del 3 de junio, aproximadamente a las 10 de la
noche, se sentía un entorno desagradable afuera de la feria del libro, las
personas tocaban la bocina de sus autos, los vendedores de comida ofrecían sus
productos a gritos y se podía escuchar a una que otra persona quejándose de la
situación. En medio de todo el estruendo dos artistas callejeros se instalaron
a unos metros de la boletería e impactaron a todo quien estaba a su alrededor
con las hermosas composiciones de jazz que interpretaron, siendo una distracción casi inevitable de toda la fatiga y malas vibras que habían alrededor. Bastaron dos artistas
con la simple intención de ganar unas monedas para convertir el ambiente de la
boletería y el ingreso o salida de la Feria Internacional del Libro en una
experiencia mucho más grata, incluso hubo varias personas que se detuvieron
solo a disfrutar de su tonada.
Los músicos consiguieron una considerable cantidad de dinero mediante su talento.
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