Cuando estaba en primaria me decían que lo que vendría sería más pesado, que el uniforme ya no sería polera , sino camisa, que sólo me daría un recreo, que llevaría nuevas materias y que las que llevo podrían cambiar de nombre ,como de lenguaje a literatura.
No podía imaginar algo más difícil que las divisiones y la diferencia entre la "b" y la "d".
Todavía recuerdo cuándo la profesora habló con mis padres, delante mío, sobre mis notas en matemáticas "No puede pasar de curso con esas algunas" les dijo. No presté atención en nada más de lo que habló, me imaginaba una gran laguna entre cuarto y quinto de primaria, la laguna no eran de solo agua , sino de muchas multiplicaciones y divisiones flotando en ella, debía haber alguna forma de poder cruzarla, en realidad tenía muchas ganas de saltarla pero parecía que mis piernitas no alcanzarían ni que mis papás me dejarían, así que no quedaba otra que mojarme los pies aprendido la tabla de multiplicar y las divisiones.
En ese proceso llevé mucha "wasca" (me diciplinaban) no había nada que me incentive, nisiquiera era tan consciente de que si no la cruzaba mis compañeros no serían los mismos al siguiente año.
Acababa con la paciencia de todos los que intentabana enseñarmelas, no entendían que para mí ,era más importante contemplar los colores de la abeja que acababa de entrar al curso por la ventana, ver como volaba y concentrarme en su sonido que apender a dividir.
Y respecto a la disgrafía , mamá intentó mucho conmigo, pagaba a una psicopedagoga para que vaya a casa, usaba cosas de la vida cotidiana para que yo las relacione con la diferencia entre la "b" y la "d", por ejemplo mi borrador del lápiz era un botón, hacía cartulinas con las letras "B" "b" "D" "d" y cada uno con sus respectivos ejemplos.
Ese año papá no compró los pasajes para ir de vacaciones, para mí era una terrible noticia , no viajar en familia, era mucho más importante que cruzar la laguna, pero él y mamá me dijeron que en colegio me estaban dando una última oportunidad para cruzarla, debía dar un examen para ver si la pasaba o no.
Mamá me comenzó a llevar a la casa de un profesor viejito durante el tiempo que me dieron en el colegio para estudiar para el examen, nos sentabamos en una mesa redonda con sillas altas, mis pies no alcanzaban a tocar bien el piso, sus lapices parecían más largos de lo normal porque los tajaba con un tajador especial, las hojas que usaba eran amarrillentas y siempre las doblaba verticalmente en dos.
Finalmente llegó el día en el que se vería si me hundía en la laguna o pisaba las divisiones y multiplicaciones para cruzarla, el día del examen.
Para serles sincera no recuerdo nada de ese día pero sí del día en el que comenzaba un nuevo año y mis compañeros seguían siendo los mismos (la crucé) excepto por una niña de ojos grandes y cabello lacio, la observe toda la mañana me sorprendía lo disciplinada que era, no era mi estilo, no se ensuciaba la falda en el recreo, no terminaba su Donald ni guadaba canicas en la mochila como yo y no tenía heridas en la rodilla de jugar a "la mancha" o "sol y hielo".
Nunca pensé que podría hacerse mi amiga pero pasó algo más que simplememte eso, me cambió la vida y se hizo mi mejor amiga.
miércoles, 14 de marzo de 2018
Las lagunas de mi vida (Parte 1)
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