jueves, 15 de marzo de 2018

Las lagunas de mi vida (Parte 2)

Ella era muy ordenada, en su cuaderno se veía  perfección, todos los signos gramaticales, títulos y subtítulos estaban escritos de color rojo , cuando teníamos que escribir  siempre  tenía dos lápiceros en la mano  (rojo y azul)  los intercambiaba todo el tiempo para escribir los signos, así eran sus trabajos en clase y en casa, a diferencia de los míos, sí es que los hacía.
Cuando  mamá  no se  sentaba en la tarde conmigo para hacer los deberes del  colegio llegaba sin ellos,  la profesora me daba una papelta  (boleta) de color amarilla por no haberlos hecho ¿acaso importa eso? ¿no es mejor ir al cuarto de juguetes que ver cuadernos en la tarde? Pensaba yo, no le tomaba mucha importancia, la guardaba entre las hojas de mi agenda y seguía con mi día normal. Pero la niña de ojos grandes me hacía un par de intorregantes al salir del aula con respecto a la boleta , como si hubiese cometido un delito.
Siendo que mamá al llegar a casa también me diría que debía haber hecho las traeas, pero no era lo mismo que mamá me lo diga a que una niña de mi misma edad lo vea como un acto grave y no era porque le pegaban en su casa o porque  se preocupaba en las consecuencias que me traería. Si no porque para ella era un acto muy malo, que por lo visto no estaba acostumbrada a que sus amigas cercanas lo cometieran.
Pero eso no me afectaba mucho al principio.
Todo seguía igual a diferencia de que ya era mi amiga y en los recreos esperaba que se llenara para terminarme de comer su merienda.
Cuando la profesora nos daba un examen, la niña de pelo lacio lo respondía muy segura de si misma, todavía me acuerdo sus largas respuestas escritas con letra redonda y a la hora de saber los resultados de los exámenes me sorprendía, yo era muy felíz si la profesora me escribía un 60 en la hoja y  mostraba mi calificación con una sonrisa en el rostro porque había pasado, pero ella dejaba caer lágrimas al ver un  95 en la suya, me dejaba sin entender, ¿porque estaba llorrando? Era una nota muy buena.
Sí, era una buena nota para mí pero para ella significaba derrota, significaba no sacarse la nota más alta , significaban no haber sido eficiente y esto de manera inconsciente me afectaba y logro un efecto positivo en mí, la influencia de su amistad me cambió, cuándo no entendía algo se lo preguntaba inmediatamente y me lo podía explicar hasta 3 veces si se lo pedía , porque lo importante para ella era que lo entienda y lo pueda hacer por mi misma, era la mejor profesora que podía tener.
Las boletas comenzaron a significarse un acto grave para mí, sacar 60 también era una derrota, correr en los recreos y lastimarte las rodillas ya no era mi rutina. Ahora me sentaba a comer mientras conversamos y disfrutabamos de una linda amistad, aunque eramos diferentes en algunas cosas como por ejemplo que yo podía comerme toda la comida del kiosko y ella hacia dietas, yo hacía locuras en el curso  y ella era mas reservada, siempre se reía de mí, pero podía confiar en ella, le contaba mi gran secreto: "el nombre del chico que me gustaba" , le contaba lo que había hecho el día anterior y cualquier cosa que fuese importante para mí.
Y así es como transcurrieron 4 años, ya usabamos camisa y teníamos un solo recreo, pero al terminar ese año me dan la noticia de que ya no compartíriamos el mismo colegio, aula ni cuidad.
"No puede ser" les dije con cara de asombro,  tristeza y rabia a la vez "justo ahora que nos toca primero medio y vamos a pasar química, física, literatura y biología".
¿Como  podría cruzar esta nueva laguna sin ella?
Entré ese año con ese pensamiento, incluso recuerdo haber publicado en facebook algo respecto a esto, pero me puse metas, que aunque mi amiga se había ido, tenía que demostrarme que lo que me enseñó se quedó en mí , mi meta era tener buenas notas y glorificar a Dios atravez de ellas, pero fue más que eso, el 2014 aparte de tener un promedió arriba de 90 puntos Dios me permitió subir al cuarto de oración , que hay en el colegio,  con todas mis compañeras y pasamos el recreo hablando con él, llorando y cantando, fue hermoso.
Poco después  Dios me comenzó a exigir  que predicara en un devocional delante de todo secundaria y que no podía esperar mucho para hacerlo porque ya se estaba terminando el año escolar.
Hacer eso era romper con muchos paradigmas.
Todos los días en el colegio el profesor de "biblia" quién era encargado de los devocionales nos daba un mensaje de 30 min antes de comenzar nuestras clases de las diferentes materias.
Nunca se habia visto que un estudiante estando en el colegio sea el que de el mensaje de la primera hora del día y peor un estudiante que estaba en los primeros cursos de secundaria.
Pero esa era yo, sentía que Dios tenía algo que decirles atravez de mi a todos y específicamente a los que se graduaban ese año.
Cuando me tocaba exponer para alguna materia delante de mis compañeros de curso me daba mucho miedo, nunca me gustó hacerlo, me ponía muy nerviosa y terminaba diciendo lo que sabía en un minuto porque me olvidaba de todo lo que había estudiado.
Hablar en público era una laguna más que tenía que cruzar y esta vez Dios me lo estaba pidiendo.
¿como podría hablar media hora delante de todos los alumnos de secundaria?
Se suponen que los que estan cursos superiores al mío saben mucho más que yo sobre cualquier tema  y si me equivoco en algo se darán cuenta.
Me negué a hacerlo y durante varios días me hice  la desentendida, hasta que una tarde llegue a casa quebrantada después   ver una situación en la calle que me asusto mucho. Ese día tome la decisión de dar el mensaje.
Todos en el colegio escuchábamos sobre el amor de Dios en las mañana y el mensaje que él quería que diera era sobre reaccionar y poner en práctica lo que escuchamos,  teniamos que acabar con nuestra  indiferencia y frialdad.
La gente que no conoce a Cristo se esta perdiendo y van rumbo a una condenación eterna sin haber escuchado del mensaje de la salvación y nosostros no estábamos haciendo nada, el corazón de Dios estaba dolido por nuestra indiferencia y teníamos que salir de nuestra zona de confort para llevar las buenas nuevas e iluminar con la luz de cristo a esa prostituta que nadie le ah dicho que hay un amor incondicional esperando por ella, a ese drogadicto en la calle que no ah experimentado a Dios como pardre, a ese estudiante que no conoce a Jesús como mejor amigo y en fin a toda persona que necesita conocerlo.
Al día siguiente siguiente con un poco de temor y timidez en el recreo me acerqué al profesor de Biblia para preguntarle si podía dar el mensaje en el devocional, no dudo en decirme que sí y esa noche  no podía dormir.
Al día siguiente me presento , me puse al lado de él y me cedió la  palabra.
Abrí mi Biblia mientras me temblaban las manos para sacar el papel donde había escrito las citas bíblicas y lo que hablaría, me dejo sola y  se sento junto a los estudiantes para escucharme.
Di un suspiró y dije "buenos días" , cerré los  ojos para pedirle a Dios en voz alta que sea él quien hablase por mí y que todo lo que diga pueda llegar a los corazones de mis compañeros que estaban presentes.
Di el mensaje y cuando terminé los volví a cerrar para pedirle a Dios que acabase con nuestra indiferencia , mientras lo hacia sentía un peso y mi corazón se lleno de misericordia , puede sentir lo que sentía el corazón de Dios por las personas que se están perdiendo y mis ojos se llenaron de lágrimas, alce la voz para poder seguir hablando mientras daba vueltas en el espacio del salón que me habían dado, comencé a nombrar los problemas que existen o quizá los sufrimiento que hay en esta vida, nose exactamente que decía pero quería que los que me escuchaban dejaran de sentir pena y comenzarán a sentir misericordia como la que sentía yo en ese momento  y la que me había llevado a hablar delante de ellos.
No supe en que momento pasaron los 30 minutos. Terminé la oración con un amén y cuando abrí los ojos me di cuenta que no era la única que lloraba.
Di gracias a Dios en mi mente porque no había sido envano el mensaje y porque sí les había llegado al corazón y quizá muchos de ellos también sintieron lo que Dios sentía.

Nunca se me pasó por la mente  que pasara algo parecido con esto pero así fue como ese año crucé dos lagunas en vida:  tener buenas notas sin mi amiga de ojos grandes y hablar en público en el devocional del colegio.

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