Algo que me acuerdo desde que soy pequeño es que me
encantaba que me lean historias, les pedía a mis padres que agarran cualquier
libro y me lo leyeran antes de dormir, después empecé con mis primeros libros,
que por casualidad fueron comprados en la FIL, libros pequeños y para niños,
cuando ya fui creciendo los libros fueron dejando de lado las imágenes y
empezaron a llegar más letras, los primeros libros que escogí en una feria del
libro fueron “Harry Potter y la piedra filosofal” y “El Principito”, tarde
mucho en leerlos pues había perdido ese habito de lectura pero logre retomar,
pero desde esos inicios recuerdo esperar con ansias la feria del libro, era un
lugar mágico donde podía llevar a mis padres a que me compren libros, ver
millones de portadas en las cuales pensaba que mundo nueve estará adentro, pero
con el pasar de los años el cerebro se moldea más, el ojo ya no ve todo como un
arco iris, vamos perdiendo esa inocencia que teníamos de pequeños y vemos la
cruda realidad de los lugares mágicos de nuestra infancia.
Desde mis 16 la feria del libro perdió esa magia que poseía
antes, todo se veía igual al año siguiente, y de igual forma el siguiente, las
mismas librerías en los mismos lugares, los mismos libros viejos con una tapa
nueva exprimidos hasta sacarle el último centavo y por supuesto la mayor parte
de la feria acaba en el pabellón Brasil, pero este año pensaba que podría ser
distinto, ya tenía mentalizada la feria desde comienzos del año ya que la
primera materia que pase en el primer semestre de mi nueva carrera me dijeron
que tenía que hablar de la FIL, estaba entusiasmado pensaba que podría ver la
feria con otros ojos de nuevo esta vez más críticos, con 20 años de experiencia
esta vez y todo un semestre de conocimientos nuevos y al fin llego el día la
19° versión de la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz llego, mis
emociones no se desvanecieron del todo pues la feria no había cambiado, mismos
stands en el mismo lugar, mismas librerías en el mismo lugar, pero algo me sorprendió
existían más stands de editoriales nacionales pequeñas, y pasando de stand en
stand, me lleve la alegría de conocer a varios autores que llegaban con mucha
felicidad a presentar sus obras, te recibían con los brazos abiertos para hablarte
de sus libros como sus hijos, y me alegro ver esto ver como mi país no esta tan
en la decadencia como dicen, todavía existe esperanza en las letras, pero luego
me puse a pensar, porque estas personas no reciben lugares más grandes o apoyo
de las grandes editoriales como Santillana o Comunicarte, porque no hay más
presentaciones, porque la misma cámara departamental del libro no les da apoyo.
Y aquí radica la gran decepción que me llevo de la feria desde un punto de
vista más crítico, la falta de apoyo por parte de las personas que prometen
ayudar.
Mi sueño es ser escritor, es un sueño que evoluciono desde
querer trabajar como director de cine, a escribir el guion hasta llegar explayarme
de manera sin fin en un libro, la escritura es un arte, sin libros no seriamos
nadie no podríamos formar nuestro pensamiento correctamente, y en Santa Cruz
hace falta un evento que nos haga querer cumplir con nuestro sueño, el título “internacional”
lo quitaría hasta cumplir con el pueblo; la feria debería ser un lugar mágico,
donde jóvenes escritores o adultos puedan cumplir con sus sueños puedan llevar
a las personas a mundos fantásticos y transportarlos a lugares donde la tecnología
les faltan años por alcanzar, un lugar donde la imaginación debe predominar y
un lugar donde se cree la libertad intelectual, la feria tiene un gran camino
por delante y todavía ese niño en mi espera que mejore el siguiente año.

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