Eran las 8 de la noche cuando llegamos al primer día de feria internacional del libro, me acerque a la boletería pregunte por el costo de la entrada, el muchacho me respondió que 20bs mayores y 5bs menores, y les pregunte si tenía algún descuento por ser estudiante, sin respuesta alguna me dio una entrada de menor. Fui al ingreso, no me dejaron entrar me dijeron que no era menor y me preguntaron porque tenía una entrada de esas, les explique (la explicación fue en vano), para poder entrar me pidieron que compre otra entrada, esta vez de mayores, por si no me la querían cambiar.
En todo este afán ya eran las 8:30 al final me cambiaron la entrada, cuando entré lo primero que vi fue un cartel de la feria del libro, luego el stand del ministerio de cultura, lastimosamente estaba vacío y seguían arreglándolo.
Entré al primer pabellón que estaba a mano izquierda, había editoriales cristianas, muchos libros para niños, también ahí estaban los escritores independientes, promocionando sus obras.
Pasé al pabellón Brasil, era grande, muchos libros, poca gente, estaba la editorial Santillana mostrando su tablero digital, la empresa de red telefónica Viva, carteles que colgaban de esta empresa. Había libros nacionales, los infaltables best seller y los motivacionales.
Estaba pendiente a pasar por cada uno de los stands y que el tiempo me alcance pues ya iban a ser las 10 de la noche y no sabía cuánto más me faltaba recorrer.
Llegue al pabellón donde se encontraba el país invitado, Cuba. Y por lo visto también era el último pabellón, en la entrada lo primero que vi fue un estante grande lleno de libros que hacían referencia a una biblioteca cubana, habían mesas con sus respectivas sillas, era lo más interesante de ese pabellón, que me tomó recorrer 15 minutos, y así acabo mi recorrido el primer día por la FIL.
Este es es cartel que recibe a los visitantes.

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